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INMIGRACIÓN: LA ACTUALIDAD QUE ARDE


Georgia, otro escenario de la cuestión de la inmigración ilegal

PUBLICADO: 21 de abril de 2006, a las 1:52 pm (centro)
ACTUALIZADO: 21 de abril de 2006, a las 5:13 pm (centro)

En este pueblo enclavado entre las colinas de Georgia, la familia guatemalteca Matul ha abierto un almacén que vende frutas frescas exóticas, jugo enlatado mexicano y tarjetas telefónicas para llamados internacionales.

La propietaria Brenda Matul, de 29 años, cuenta con el influjo de inmigrantes hispanos para cimentar el éxito de su Tienda de la Guadalupana, abierta hace cinco meses, y sueña con obtener la ciudadanía estadounidense y tener hijos bilingJues nacidos en su nueva patria.

"Algún día creceremos si buscan nuestras importaciones", dijo Matul de su clientela de inmigrantes. "Pero ahora están preocupados y temerosos de regresar, de la pobreza".

Al igual que casi todos los pobladores, los inmigrantes --que representan casi uno de cada seis de los 13.000 residentes de Calhoun-- en algún momento han trabajado para el mayor fabricante de alfombras del mundo, que tiene su sede aquí y en pueblos cercanos.

Ahora una demanda presentada contra una de esas compañías a causa de los trabajadores indocumentados que supuestamente contrata está ante la Corte Suprema, que oirá los argumentos del caso el 26 de abril. El litigio tiene el potencial de provocar profundos cambios no solamente en esta comunidad, sino también sentar precedentes para la actitud nacional sobre la cuestión inmigratoria.

Un empleado actual y tres ex trabajadores de Mohawk Industries Inc. han interpuesto una demanda colectiva acusando a la firma de haber contratado a sabiendas a cientos de inmigrantes indocumentados para burlar los salarios legales. La firma lo niega categóricamente y dice que paga a todos sus empleados salarios competitivos y les ofrece beneficios de salud.

El caso plantea los tres interrogantes básicos en el debate sobre inmigración: Los inmigrantes --legales o no-- ¿vienen a trabajar a Estados Unidos porque la economía los necesita o porque las compañías explotan la mano de obra barata en perjuicio de la clase trabajadora estadounidense? ¿Las mismas empresas deberían ser la vanguardia para controlar la inmigración ilegal? ¿Y acaso los propuestos controles estrictos de documentación para los trabajadores de acento o apariencia extranjera son discriminatorios contra todos los hispanos?

La Corte Suprema sólo se concentrará en determinar si la compañía y sus agentes --en este caso reclutadores-- pueden considerarse un elemento del crimen organizado según las disposiciones civiles de la ley federal RICO, que permite a los empleados demandantes reclamar indemnización triple.

Las investigaciones del impacto de los inmigrantes sobre los trabajadores nacidos en Estados Unidos no arrojan resultados concluyentes.

George Borjas, de la Universidad de Harvard, concluyó que entre 1980 y el 2000, los salarios de los varones nacidos en Estados Unidos y sin completar los estudios secundarios bajaron hasta un 7,4% debido a la mano de obra inmigrante. Otros economistas sostienen que ocupar los empleos que los estadounidenses tienden a evitar impulsa la economía local, reduciendo la automatización y la subcontratación en el exterior, y enriquece las arcas locales debido a los impuestos y a las compras.

"Más del 90% de las veces, los salarios son estimulados por el flujo de inmigrantes documentados e indocumentados", dijo Dan Siciliano, de la Universidad de Stanford. "No es nada divertido para ese 10%. Pero no deberíamos desprendernos de los inmigrantes que ayudan a nueve de cada diez trabajadores".

Mantener a los inmigrantes a raya de los empleos en compañías debería ser fácil, puesto que la ley exige que los empleadores controlen una lista de documentos para todos los solicitantes de empleo, y muchos indocumentados tienden a trabajar como jornaleros donde reciben su paga en efectivo. Pero las corporaciones dicen que es casi imposible detectar los documentos falsos, y las autoridades de inmigración admiten que enfrentan un riesgo mínimo de ser procesadas ante la justicia.

"El argumento de que 'hice lo mejor que pude' suele ser aceptado", comentó Víctor Cerda, ex asesor de Inmigración y Aduanas, del Departamento de Seguridad Interna.

Aunque no quiso comentar el caso de Mohawk, el vocero Marc Raimondi de Inmigración y Aduanas dijo que los agentes federales dan prioridad a la "infraestructura crítica" de los allanamientos, y que sería inusual incluir una empresa prominente como Mohawk. Juan Morillo, abogado de esta empresa, dijo que los agentes de inmigración nunca han tomado contacto con la compañía desde que se interpuso la demanda en enero del 2004.

Mohawk sostiene además que ir más allá del control rutinario de documentos para los solicitantes de apariencia hispana sólo haría vulnerable la empresa a acusaciones de discriminación. "La compañía siente que el efecto deseado (por la demanda) es dificultar la contratación de hispanos", comentó Morillo, y agregó que la compañía "no hará nada para tratar de cambiar la demografía de su fuerza laboral".

Esa es la consecuencia que temen los inmigrantes y sus defensores, especialmente en lugares como el noroeste de Georgia donde la población inmigrante hispana es nueva. De 1900 al 2000, la población hispana en el pueblo subió de 39 a 1.821, según cifras del censo, y la mayoría de los nuevos residentes proviene de México y Centroamérica.

"La ciudad está creciendo debido a los hispanos", dijo Armando Rodríguez mientras atendía a sus clientes en su carnicería y rotisería cerca del comercio de Matul. "Pero no les agradamos".

Las versiones sobre redadas de inmigrantes indocumentados y sobre la demanda pendiente ante la Corte Suprema están propagando temores y confusión, dijo America Gruner, una trabajadora de salud procedente de México que ha vivido cinco años en la vecina Dalton.

"Mucha gente quiere irse, y alguna da por sentado que van a deportar a mucha gente", explicó.

De todos modos, a los inmigrantes como Rodríguez les gusta este "pueblo muy tranquilo" porque es buen ambiente para sus hijos. Aquí es donde el guatemalteco de 41 años, que a los 20 años fue a California y llegó a trabajar para Mohawk, concretó el sueño de abrir un comercio propio.

"Soñaba trabajar, ganar dinero y regresar", dijo mientras acomodaba piñatas sobre un mostrador. "Pero ahora me gusta estar aquí"




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